sábado, 26 de marzo de 2016
Reflexión sobre el valor Honestidad.
La deshonestidad
Cuando alguien miente, roba, engaña o hace
trampa, su espíritu entra en conflicto, la paz interior desaparece y esto es
algo que los demás perciben porque no es fácil de ocultar.
Las personas
deshonestas se pueden reconocer fácilmente porque engañan a los otros para
conseguir de manera abusiva un beneficio. Es muy posible que alguien logre
engañar la primera vez, pero al ser descubierto será evitado por sus semejantes
o tratado con precaución y desconfianza.
Diario "El País", 1° / 12 / 2000.
MINORIDAD, HOY. PROCESO SOCIAL - Caso I: "El hijo de Beatriz"
MINORIDAD, HOY. PROCESO SOCIAL - Caso I: "El hijo de Beatriz"
Por Teresita Facchín
Lo conocí hace apenas unos años, lo vi crecer al lado de su mamá. Al padre no lo recuerdo, mejor dicho nunca lo vi. Era un niño dulce, amable, simpático, lleno de vida con sus mejillas rosadas y su cabello rubio, muy rubio…, de aire europeo. Tiene otros hermanos, más pequeños, cuál de todos más bellos pero… su mamá está sin apoyo conyugal. Muy trabajadora pero a los chicos tenía que llevarlos al médico y procurar alimentos. Lo que hoy consigue una madre sola es poco para repartir.
Siempre la vi, luchar, nunca bajar los brazos, esta señora compartía con su hermana menor, un piso que les dejó su papá. Pero luego lo perdieron, pues la cuota subió y los impuestos eran muchos y cada vez más altos. ¿Adónde fue este joven, que hoy tiene 15 años, con su mamá y sus hermanitos? _ A un asentamiento, sin agua, sin luz, sin cama, a una pieza sin ventanas que la mamá ‘’compró’’ por unos pesos.
Este niño de 15 años hoy está despeinado y más que sucio, pero no ha perdido su hermosura ni su lozanía. Sus ojos están muy tristes por ver decaer a su mamá y vivir tan mal socialmente.
El joven quiso buscar trabajo, no se lo dieron pues su ‘’casa’’ no tiene número. Quiso sacar un libro de la biblioteca y le pidieron una constancia de domicilio. No la tenía. Quiso leer un libro en la sala de la biblioteca, le dijeron que volviese en condiciones de aseo, pero el invierno estaba helado para bañarse con agua fría de la cachimba, ya que no contaban ni con un calentador…
No pudo leer el libro de Narnia ni el de Harry Potter… Se fue triste y se sentó en el cordón de la vereda, casi llorando. Los ‘’amigos’’ no le abrían la puerta pues estaba en el "asentamiento’’.
Soñaba con un baño calentito….Mas…..apareció un señor en un Cadillac amarillo, quien le ofreció dinero por ciertos favores. Pensó, ¿qué perdería?... Si sus hermanos estaban unos con hambre y otro con su mamá en el hospital. Pero el señor sólo ofreció $50.-. Tal vez la irrisoria suma lo hizo pensar, mas sentía hambre y mucho.
Retomando el camino a su nueva ‘’casa’’, tenía que pasar por la panadería. ¡Ay! ¡Ese exquisito olor a pan fresquito! Le hizo detenerse ante el vidrio de la ventana exhibidor, de ricos manjares, tortas, masitas, sándwiches.
Se ofreció para trabajar allí y así obtener no dinero sino algo para sus hermanitos y para su estómago. No hubo caso. Menor, sin referencias, sin hogar….Ya no podía ir al liceo con todo esto.
A la madre le dieron el Plan de Emergencia, los 5 comían tres días y los zapatos se rompían.
Su mamá no le podía comprar unos, con lo que ganaba apenas cubría algo la comida de los demás días, el más pequeño parecía desnutrido.
Este niño estaba cada vez más abrumado y solo, y con muchas carencias, necesidades económicas, afectivas y su mente flaqueó.
Salió a la calle a pedir. Algunos le daban, pero él tenía vergüenza, le daba cosa, le decían: “tu madre se abre de patas y tú tenés que mantenerte”.
Le empezó a dar rabia la calle pues su madre estaba sola, no obstante era una buena madre. Cada vez que golpeaba una puerta se ofrecía para mandados, pero su facha era muy fea, más pensaban que él iba a robar y lo corrían.
Empezó a sentir dolor que luego transformó en odio y rencor. Su corta edad e inmadurez no le permitían enfocar las cosas de otra manera. Había dejado los estudios, no tenía nada, ni ropa, ni comida, no conseguía trabajo.
Ya dormía en el día porque hacía guardia en la noche, para que su mamá descansase y fuese a trabajar, pues no tenían puerta tampoco. Su mamá algunas veces no iba a trabajar porque velaba por el sueño de sus hijos, que no se acercara ningún perro o gente.
Quiso el cruel destino, que allí al “asentamiento” fuera un “maula” a buscar gente para pasar unos “paquetitos”, a cambio de un celular con cámara y con carga. El deseo de estar con sus amigos y mostrarles algo interesante, de volver a ellos a pesar de su facha, pudo más y dijo sí…
”Mira mamá, lo que tengo”_ le dijo a su madre” por llevar unos lápices envueltos a fulano y a zutano y a mengano….”
La madre se lo pidió, para llevarlo a la policía. Él no quería entregárselo. Discutieron. Gritó. Pelearon pero entregó “su cel” a su mamá, con todo su dolor, rabia e impotencia, sabiendo que ya no tendría nada de interesante para mostrar a sus “amigos”, para solo apenas un ratito estar con ellos.
Su madre continuaba con su hijito enfermo, siempre del asma, su hermanito chico estaba con hambre, y había que llevarlo al médico y no tenía dinero ni para el bus. Salió ella a pedir puerta a puerta, a sus vecinos, pero como era fin de semana, habían salido. No consiguió nada. Pero esta vez fue Beatriz, la mamá quien iba a devolver el cel a la Jefatura, fue quien se arrimó a unos jóvenes en la parada y ofreció a esos muchachos el cel por $200.=. Los jóvenes entre ellos hicieron una “vaca” y sacaron a esa madre de apuro...
Fue al médico con su hijito pequeño, pero antes compró leche y pan y 3 chupetines y les dejó, a los demás niños. ¡Qué alegría! ¡Comían! Se olvidaban dónde estaban y daban gracias a Dios. Pero… el mayor seguía pensando: “tal vez si tengo un cel, así puedo estar con mis amigos, tan solo una vez demostrarles que Soy”.
Días tras días, horas tras horas transcurrían así, monótonas, vacías, desganadas, sin nada ya, como deprimido, pero sintiéndose vivo al preguntarse: ¿vale la pena vivir así?...Y hubo otro que le dijo: _”loco no tenés nada que perder, para TENER tenés que ARRIESGARTE. Yo te presto el arma de mi tío, no tiene balas, pero ¡mirá qué ropas tengo! Estas ropas me las dan todas aquellas personas a las que yo les presto el arma. Yo te la presto, y vos me conseguís un par de championes NIKE N°39, me los dejas envuelto en el contenedor de Agustín Pedroza y Daniel Granada, envueltos en papel de diario a las 3 de la mañana.
Este carilindo joven lo pensó y sintió que si se vestía mejor olvidaba sus harapos y así podría conseguir algo más al pedir, y hasta ir por trabajo.
Un jueves al mediodía tenía la del tío. Salió a caminar, llegó a 8 de Octubre, se detuvo frente a una casa de ropa masculina. Se dijo: _¡Qué lindo traje tiene ese maniquí!, si yo tuviera uno igual y esa camisa tan blanquita….Tal vez me dieran trabajo en la panadería o en otro lugar, pero no tengo estudios, mas mis amigos verán que cambié y volverán conmigo, compartiremos otra vez el manchado, la pelota , las figuritas y hasta los piropos a alguna joven sonriente”. Pensó en esto, se olvidó de su mamá y de lo que ella le enseñaba, quería VIVIR, quería SER…
Y bueno, se consiguió una máscara y unas ropas en desuso que eran del tío del otro. Planeó todo. El fin era entrar a la tienda de ropas de hombre. Estudió el mejor momento, el más tranquilo: la noche, rompió un vidrio, comenzó a sonar una estridente alarma, solo pudo tomar los championes grandes, pero no tuvo tiempo de su traje. Huyó, sino lo apresaban.
Pagó por el uso del arma, lo pactado.__” Pero ¡qué suerte Perra!”__, se decía. Él tiene sus championes y yo no tengo nada….
Su mamá ni se enteró.
Pasado unos días se encuentra con el sobrino del tío y le cuenta lo ocurrido, quien le ofrece el arma por segunda vez y le dice que se saque lo de él primero, que cualquier cosa se la “presta“ para otra vez y que él anda necesitando un chaleco de cuero con tachas, de esos a la moda.
Lo pensó, se tomó el tiempo, recorrió muchas vidrieras, pero esta vez fue al Paso Molino. Miró el comercio, entró, el vendedor casi lo corre, él le preguntó: _ ¿tenés de ese modelo talle para mí? Me gusta el color azul_ le dijo. El vendedor le respondió que sí, entonces le pidió que se lo dejara separado que él para mañana a primera hora, tendría el dinero, y que lo compraría. El dependiente mirándolo a regañadientes, le puso las prendas en una bolsa y le preguntó su nombre. Él respondió: _” me dicen PEPE, vengo temprano, gracias”. Miró dónde éste guardaba su traje. Salió.
Enseguida al lado, había un comercio de Movistar, ¡qué bonitos celulares! ¡Qué estuches! ¡TODO! Soñaba. _”Si tengo uno de esos, mandaría mensajes a mis amigos y ellos me responderían y hasta podría llamar a Raquel que tanto la extraño, desde que dejé el liceo…”.
El niño solo pensaba en eso. _”Voy primero por el cel, luego por la ropa…” Pero no. Fue primero por la ropa, estaba aburrido de esos harapos también. Rompió el vidrio. Sonó la alarma. ¡Tomó la bolsa con su nombre y corrió y corrió y tuvo suerte!
Transpiraba con su bolsa abrazada, apretada al pecho, su adrenalina estaba al máximo, entró en un bar para cambiarse, pero le corrieron porque pensaron que iba a molestar a los clientes pidiendo.
Caminó más de 2 horas. Caminó hasta llegar a XXX (3 Cruces), allí, entró al baño, orinó, se sacó uno de sus harapos, lo mojó y se aseó todo lo que pudo y se puso el traje nuevo, solo le faltaba un poco de perfume.
En la escalera mecánica, parecía un alemán bajando del avión, su sonrisa perfecta, dibujaba su extrema alegría, pero quería que sus amigos lo viesen. No tenía monedas para llamarlos, solo el arma. Y no lo pensó, pero antes se sentó en ese bar pidió una pizza con mozzarella y una bebida cola, ¡qué exquisita! Luego se acercó al mozo tímidamente y le preguntó dónde estaba el baño.
A la salida temía que su traje se transpirara porque el sudor le saltaba a chorros al tratar de escabullirse sin pagar. Lo logró. Nadie le perseguía. Subió a un ómnibus y recitó un poema que su profesora de literatura le había exigido, el único que sabía, de Rubén Darío. La gente lo aplaudió y obtuvo unas monedas que destinó para su madre y hermanos.
Tenía miedo que en su casa su traje se ensuciase y además que su madre preguntara y entonces le pidió ropa prestada al sobrino del tío, quien le prestó y dejó en la casa de éste el traje.
Ahora le tocaba conseguir el cel , tan esperado y apreciado para volver a contactarse con sus congéneres. Al ver el resultado del poema, subió a otro bus y lo recitó una vez más, consiguió monedas para su mamá o ya para llevarles comida o alguna golosina a sus hermanos menores quienes demostraban plena alegría al verle.
Llegó el momento para conseguir el cel. Se aseó, fue a casa del sobrino del tío, pidió su traje, se aseó otro poco y se vistió. Salió, pasó por una perfumería, le pidió a la señorita para probar y oler perfumes franceses e ingleses. Probó de todos, ya no tenía lugar donde probarse…Le dijo a la señorita que estaba confundido por tantos aromas y que volvería a probarse uno solo, otro día para llevárselo. _Gracias_ dijo.
Llegó al punto “celulárico”. Rompió el vidrio, sonó la alarma y apareció el guardia de seguridad, quien lo tomó por sorpresa ya que él estaba buscando el cel. rojo de tapas negras que había visto antes.
La República, El País, en todos los periódicos: “Extranjero asalta tienda de celulares”, no podía hablar. Solo vocablos entrecortados, no negaba ni afirmaba nada. No sabía qué hacer, hasta el arma del Tío era importada.
Cuando su madre preocupada porque no había ido a dormir, ve las fotos de la prensa en el quiosco de la esquina. Va hasta la Seccional, para saber.
Ya había confesado y probado y lo habían pasado a una Dependencia de Juez de Menores. Solo si iba un responsable saldría de ahí.
Ya había confesado y probado y lo habían pasado a una Dependencia de Juez de Menores. Solo si iba un responsable saldría de ahí.
Su madre entre mil dolores, vino a pedirme dinero para el bus y me mostró la cédula del adolescente, entre casi llanto y amor y dolor y también cordura y desesperación. Se fue con mucha prisa, pues tenía que sacar a ese joven de ahí.
Pero eso no es todo. Este comentario se lo hice a otra vecina, que me dijo: _“El marido de Beatriz, tuvo un serio accidente y quedó inválido y negado de otras funciones pero lúcido. Entonces le pidió a ella que sus hijos no se enterasen de su situación y que ella buscara un compañero”.
Pero, la pobre Beti no tuvo tiempo ni oportunidad de conseguirlo, por criar a sus hijos, a pesar de tener ella apenas 35 años, de ser linda, delgada y bien hablada.
Pero, la pobre Beti no tuvo tiempo ni oportunidad de conseguirlo, por criar a sus hijos, a pesar de tener ella apenas 35 años, de ser linda, delgada y bien hablada.
Fragmento: "La niña de las castañas"
…-¿Cómo es eso de
las gafas? -le pregunté.
-Que mi abuela ve muy mal. Ya no puede
leer, y yo le leo. Eso no me importa, porque me gusta hacerlo. También le
enhebro las agujas, pero ahora ya no ve para coser derecho, y yo no sé hacerlo.
Por eso fui y hablé con el boticario.
-¿Le llevaste una receta?
-¿Una receta? ¿De qué? -dijo, asombrada.
-¿Tu abuela no consultó al oculista?
-¿Al qué?
-Oculista. El médico de los ojos. Hay uno
en Alquería. ¿,Fue a verlo'?
-No. Nunca fue.
-Entonces, ¿el boticario le midió los ojos?
-¿Medir los ojos? -se río-. ¡Son iguales a
los de todo el mundo!
-Pero, ¿fue a la farmacia?
-Nooo... -adoptó un aire de secreto-; ella
no sabe nada de las gafas. ¡Es una sorpresa!
-Pero dime una cosa: ¿cómo se las
encargaste al boticario sin consulta y sin receta?
Me miró como si yo fuera corto de
entendederas y no comprendiera una cosa tan simple.
-¡Yo se lo expliqué bien al boticario! ¡Le
dije que quería unas gafas para sesenta y cinco años!
Yo solté una carcajada y ella me miró
asustada, aprensiva.
-¿Qué pasa? ¿Por qué se ríe?
-Nada. No pasa nada.
-¿Hay de esas gafas, no? El boticario me
dijo que él me las conseguiría, que me las iba a traer de Madrid.
-¿Te dijo eso?
-Sí. Cuando me pidió los cincuenta quilos
de castañas.
-¡Ese boticario...! -mascullé entre dientes
apretados.
-¿Por qué pone esa cara? ¿No es cierto? ¿No
hay gafas así? ¿No voy a conseguirlas? ¿No?
Parecía a punto de llorar. Yo me agaché y
le dije:
-¡Claro que sí, claro que sí! Tu abuela va
a tener las mejores gafas para sesenta y cinco años que se fabrican en Madrid.
Yo te prometo que las va a tener y que con ellas va a ver tan bien y tan claro
como cuando era joven…
viernes, 25 de marzo de 2016
domingo, 6 de marzo de 2016
CASO 1: EL HIJO DE BEATRIZ
Por Teresita Facchín
Lo conocí hace apenas unos años, lo vi
crecer al lado de su mamá. Al padre no
lo recuerdo, mejor dicho nunca lo vi. Era un niño dulce, amable, simpático,
lleno de vida con sus mejillas rosadas y su cabello rubio, muy rubio…, de aire
europeo. Tiene otros hermanos, más pequeños, cuál de todos más bellos pero… su
mamá está sin apoyo conyugal. Muy trabajadora pero a los chicos tenía que
llevarlos al médico y procurar alimentos. Lo que hoy consigue una madre sola
es poco para repartir.
Siempre la vi, luchar, nunca bajar los brazos, esta señora
compartía con su hermana menor, un piso que les dejó su papá. Pero luego lo
perdieron, pues la cuota subió y los impuestos eran muchos y cada vez más
altos. ¿Adónde fue este joven, que hoy tiene 15 años, con su mamá y sus
hermanitos? _ A un asentamiento, sin agua, sin luz, sin cama, a una
pieza sin ventanas que la mamá ‘’compró’’ por unos pesos.
Este niño de 15 años hoy está despeinado y más que sucio, pero no ha
perdido su hermosura ni su lozanía. Sus
ojos están muy tristes por ver decaer a su mamá y vivir tan mal
socialmente.
El joven quiso buscar trabajo, no se lo dieron pues su ‘’casa’’ no
tiene número. Quiso sacar un libro de la biblioteca y le pidieron una
constancia de domicilio. No la tenía. Quiso leer un libro en la sala de la
biblioteca, le dijeron que volviese en condiciones de aseo, pero el invierno
estaba helado para bañarse con agua fría de la cachimba, ya que no contaban ni
con un calentador…
No pudo leer el libro de Narnia ni el de Harry Potter… Se fue triste y
se sentó en el cordón de la vereda, casi llorando. Los ‘’amigos’’ no le
abrían la puerta pues estaba en el "asentamiento’’.
Soñaba con un baño calentito….Mas…..apareció un señor en un Cadillac
amarillo, quien le ofreció dinero por ciertos favores. Pensó, ¿qué
perdería?... Si sus hermanos estaban unos con hambre y otro con su mamá en el hospital. Pero el señor sólo ofreció $50.-. Tal
vez la irrisoria suma lo hizo pensar, mas sentía hambre y mucho.
Retomando el camino a su nueva ‘’casa’’,
tenía que pasar por la panadería. ¡Ay! ¡Ese exquisito olor a pan fresquito! Le
hizo detenerse ante el vidrio de la ventana exhibidor de ricos manjares,
tortas, masitas, sándwiches.
Se ofreció para trabajar allí y así obtener no dinero sino algo para sus
hermanitos y para su estómago. No hubo caso. Menor, sin referencias, sin
hogar….Ya no podía ir al liceo con todo esto.
A la madre le dieron el Plan de Emergencia, los 5 comían tres días y los
zapatos se rompían.
Su mamá no le podía comprar unos, con lo que ganaba apenas cubría algo
la comida de los demás días, el más pequeño parecía desnutrido.
Este niño estaba cada vez más abrumado y solo, y con muchas carencias, necesidades
económicas, afectivas y su mente flaqueó.
Salió a la calle a pedir. Algunos le daban, pero él tenía vergüenza, le
daba cosa, le decían: “tu madre se abre de patas
y tú tenés que mantenerte”.
Le empezó a dar rabia la calle pues su madre estaba sola, no obstante era una buena madre. Cada vez que golpeaba una
puerta se ofrecía para mandados, pero su facha era muy fea, más pensaban que él
iba a robar y lo corrían.
Empezó a sentir dolor que luego transformó en
odio y rencor. Su corta edad e inmadurez no le permitían enfocar las cosas de
otra manera. Había dejado los estudios, no tenía nada, ni ropa, ni
comida, no conseguía trabajo.
Ya dormía en el día porque hacía guardia en la noche, para que su mamá descansase
y fuese a trabajar, pues no tenían puerta tampoco. Su mamá algunas veces no iba
a trabajar porque velaba por el sueño de sus hijos, que no se acercara
ningún perro o gente.
Quiso el cruel destino, que allí al “asentamiento” fuera un “maula” a
buscar gente para pasar unos “paquetitos”, a cambio de un celular con
cámara y con carga. El deseo de estar con sus amigos y mostrarles algo interesante,
de volver a ellos a pesar de su facha, pudo más y dijo sí…
”Mira mamá, lo que tengo”_ le dijo a su madre” por llevar unos lápices
envueltos a fulano y a zutano y a mengano….”
La madre se lo pidió, para llevarlo a la policía. Él no quería
entregárselo. Discutieron. Gritó. Pelearon pero entregó “su cel” a su mamá, con todo su
dolor, rabia e impotencia, sabiendo que ya no tendría nada de interesante para mostrar a sus “amigos”, para solo apenas un
ratito estar con ellos.
Su madre continuaba con su hijito enfermo, siempre del asma, su
hermanito chico estaba con hambre, y había que llevarlo al médico y no tenía
dinero ni para el bus. Salió ella a pedir puerta a puerta, a sus vecinos, pero
como era fin de semana, habían salido. No consiguió nada. Pero esta vez fue
Beatriz, la mamá quien iba a devolver el cel a la Jefatura, fue quien se
arrimó a unos jóvenes en la parada y ofreció a esos muchachos el cel por
$200.=. Los jóvenes entre ellos hicieron una “vaca” y sacaron a esa madre de
apuro...
Fue al médico con su hijito pequeño, pero antes compró leche y pan y 3
chupetines y les dejó, a los demás niños. ¡Qué alegría! ¡Comían! Se olvidaban
dónde estaban y daban gracias a Dios. Pero… el mayor seguía pensando: “tal vez
si tengo un cel, así puedo estar con mis amigos, tan solo una vez demostrarles
que Soy”.
Días tras días, horas tras horas transcurrían así, monótonas, vacías,
desganadas, sin nada ya, como deprimido, pero sintiéndose vivo al preguntarse:
¿vale la pena vivir así?...Y hubo otro que le dijo: _”loco no tenés nada que
perder, para TENER tenés que ARRIESGARTE. Yo te presto el arma de mi tío, no tiene balas,
pero ¡mirá qué ropas tengo! Estas ropas
me las dan todas aquellas personas a las que yo les presto el arma. Yo te la
presto, y vos me conseguís un par de championes NIKE No.39, me los dejas
envuelto en el contenedor de Agustín Pedroza y Daniel Granada, envueltos en papel de
diario a las 3 de la mañana.
Este carilindo joven lo pensó y sintió que si se vestía mejor
olvidaba sus harapos y así podría conseguir algo más al pedir, y hasta ir por
trabajo.
Un jueves al mediodía
tenía la del tío. Salió a caminar, llegó a 8 de Octubre, se detuvo frente a una
casa de ropa masculina. Se dijo: _¡Qué lindo traje tiene ese maniquí!, si yo
tuviera uno igual y esa camisa tan blanquita….Tal vez me dieran trabajo en la
panadería o en otro lugar, pero no tengo estudios, mas mis amigos verán que
cambié y volverán conmigo, compartiremos otra vez el manchado, la pelota , las
figuritas y hasta los piropos a alguna joven sonriente”. Pensó en esto,
se olvidó de su mamá y de lo que ella le enseñaba, quería VIVIR, quería SER…
Y bueno, se consiguió una máscara y unas ropas en desuso que eran del
tío del otro. Planeó todo. El fin era entrar a la tienda de ropas de hombre.
Estudió el mejor momento, el más tranquilo: la noche, rompió un vidrio, comenzó
a sonar una estridente alarma, solo pudo tomar los championes grandes, pero no
tuvo tiempo de su traje. Huyó, sino lo apresaban.
Pagó por el uso del arma, lo pactado.__” Pero ¡qué suerte
Perra!”__, se decía. Él tiene sus championes y yo no tengo nada….
Su mamá ni se enteró.
Pasado unos días se encuentra con el sobrino del tío y le cuenta lo
ocurrido, quien le ofrece el arma por segunda vez y le dice que se saque
lo de él primero, que cualquier cosa se la “presta“ para otra vez y que él anda necesitando
un chaleco de cuero con tachas, de esos a la moda.
Lo pensó, se tomó el tiempo, recorrió muchas vidrieras, pero esta vez
fue al Paso Molino. Miró el comercio, entró, el vendedor casi lo corre,
él le preguntó: _ ¿tenés de ese modelo talle para mí? Me gusta el color azul_
le dijo. El vendedor le respondió que sí, entonces le pidió que se lo dejara
separado que él para mañana a primera hora, tendría el dinero, y que lo
compraría. El dependiente mirándolo a regañadientes, le puso las prendas en una
bolsa y le preguntó su nombre. Él respondió: _” me dicen PEPE, vengo temprano,
gracias”. Miró dónde éste guardaba su traje. Salió.
Enseguida al lado, había un
comercio de Movistar, ¡qué bonitos celulares! ¡Qué estuches! ¡TODO! Soñaba. _”Si
tengo uno de esos, mandaría mensajes a mis amigos y ellos me responderían
y hasta podría llamar a Raquel que tanto la extraño, desde que dejé el liceo…”.
El niño solo pensaba en eso. _”Voy primero por el cel, luego por la ropa…”
Pero no. Fue primero por la ropa, estaba aburrido de esos harapos también.
Rompió el vidrio. Sonó la alarma. ¡Tomó la bolsa con su nombre y corrió y
corrió y tuvo suerte!
Transpiraba con su bolsa abrazada, apretada al pecho, su adrenalina estaba
al máximo, entró en un bar para cambiarse, pero le corrieron
porque pensaron que iba a molestar a los clientes pidiendo.
Caminó más de 2 horas. Caminó hasta llegar a XXX (3 Cruces),
allí, entró al baño, orinó, se sacó uno de sus harapos, lo mojó y
se aseó todo lo que pudo y se puso el traje nuevo, solo le faltaba un poco de perfume.
En la escalera mecánica,
parecía un alemán bajando del avión, su sonrisa perfecta, dibujaba su
extrema alegría, pero quería que sus amigos lo viesen. No tenía monedas para
llamarlos, solo el arma. Y no lo pensó, pero antes se sentó en ese bar
pidió una pizza con mozzarella y una bebida cola, ¡qué exquisita!
Luego se acercó al mozo tímidamente y le preguntó dónde estaba el baño.
A la salida temía que su traje se transpirara porque el sudor le
saltaba a chorros al tratar de escabullirse sin pagar. Lo logró. Nadie le perseguía. Subió a un ómnibus y
recitó un poema que su profesora de literatura le había exigido, el único que
sabía, de Rubén Darío. La gente lo aplaudió y obtuvo unas monedas que destinó
para su madre y hermanos.
Tenía miedo que en su casa su traje se ensuciase y además que su madre preguntara y entonces le pidió
ropa prestada al sobrino del tío, quien le prestó y dejó en la casa de éste el
traje.
Ahora le tocaba conseguir el cel , tan esperado y apreciado para volver
a contactarse con sus congéneres. Al ver el resultado del poema,
subió a otro bus y lo recitó una vez más, consiguió monedas para su mamá o ya
para llevarles comida o alguna golosina a sus hermanos menores quienes
demostraban plena alegría al verle.
Llegó el momento para conseguir el cel. Se aseó, fue a casa del sobrino
del tío, pidió su traje, se aseó otro poco y se vistió. Salió, pasó por una
perfumería, le pidió a la señorita para probar y oler perfumes franceses e
ingleses. Probó de todos, ya no tenía lugar donde probarse…Le dijo a la
señorita que estaba confundido por tantos aromas y que volvería a probarse uno
solo, otro día para llevárselo. _Gracias_ dijo.
Llegó al punto “celulárico”.
Rompió el vidrio, sonó la alarma y apareció el guardia de seguridad,
quien lo tomó por sorpresa ya que él estaba buscando el cel. rojo de
tapas negras que había visto antes.
La República, El País, en todos los periódicos: “Extranjero asalta
tienda de celulares”, no podía hablar. Solo vocablos entrecortados, no negaba ni
afirmaba nada. No sabía qué hacer, hasta el arma del Tío era importada.
Cuando su madre preocupada porque no había ido a dormir, ve las fotos de
la prensa en el quiosco de la esquina. Va hasta la Seccional, para saber.
Ya había confesado y probado y lo habían pasado a una Dependencia de Juez de Menores. Solo si iba un responsable saldría de ahí.
Ya había confesado y probado y lo habían pasado a una Dependencia de Juez de Menores. Solo si iba un responsable saldría de ahí.
Su madre entre mil dolores, vino a pedirme dinero para el bus y me
mostró la cédula del adolescente, entre casi llanto y amor y dolor y también cordura y
desesperación. Se fue con mucha prisa, pues tenía que sacar a ese joven de ahí.
Pero eso no es todo. Este
comentario se lo hice a otra vecina, que me dijo: _“El marido de Beatriz, tuvo
un serio accidente y quedó inválido y negado de otras funciones pero
lúcido. Entonces le pidió a ella que sus hijos no se enterasen de su situación y que ella
buscara un compañero”.
Pero, la pobre Beti no tuvo tiempo ni oportunidad de conseguirlo, por criar a sus hijos, a pesar de tener ella apenas 35 años, de ser linda, delgada y bien hablada.
Pero, la pobre Beti no tuvo tiempo ni oportunidad de conseguirlo, por criar a sus hijos, a pesar de tener ella apenas 35 años, de ser linda, delgada y bien hablada.
FIN.
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