sábado, 26 de marzo de 2016

   Fragmento: "La niña de las castañas"

…-¿Cómo es eso de las gafas? -le pregunté.
    -Que mi abuela ve muy mal. Ya no puede leer, y yo le leo. Eso no me importa, porque me gusta hacerlo. También le enhebro las agujas, pero ahora ya no ve para coser derecho, y yo no sé hacerlo. Por eso fui y hablé con el boticario.
    -¿Le llevaste una receta?
    -¿Una receta? ¿De qué? -dijo, asombrada.
    -¿Tu abuela no consultó al oculista?
    -¿Al qué?
    -Oculista. El médico de los ojos. Hay uno en Alquería. ¿,Fue a verlo'?
    -No. Nunca fue.
    -Entonces, ¿el boticario le midió los ojos?
    -¿Medir los ojos? -se río-. ¡Son iguales a los de todo el mundo!
     -Pero, ¿fue a la farmacia?
     -Nooo... -adoptó un aire de secreto-; ella no sabe nada de las gafas. ¡Es una sorpresa!
     -Pero dime una cosa: ¿cómo se las encargaste al boticario sin consulta y sin receta?
     Me miró como si yo fuera corto de entendederas y no comprendiera una cosa tan simple.
     -¡Yo se lo expliqué bien al boticario! ¡Le dije que quería unas gafas para sesenta y cinco años!
     Yo solté una carcajada y ella me miró asustada, aprensiva.
     -¿Qué pasa? ¿Por qué se ríe?
     -Nada. No pasa nada.
    -¿Hay de esas gafas, no? El boticario me dijo que él me las conseguiría, que me las iba a traer de Madrid.
    -¿Te dijo eso?
    -Sí. Cuando me pidió los cincuenta quilos de castañas.
    -¡Ese boticario...! -mascullé entre dientes apretados.
    -¿Por qué pone esa cara? ¿No es cierto? ¿No hay gafas así? ¿No voy a conseguirlas? ¿No?
     Parecía a punto de llorar. Yo me agaché y le dije:
    -¡Claro que sí, claro que sí! Tu abuela va a tener las mejores gafas para sesenta y cinco años que se fabrican en Madrid. Yo te prometo que las va a tener y que con ellas va a ver tan bien y tan claro como cuando era joven…

"Cuentos de las dos orillas",  Julián Murguía

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