Fragmento: "La niña de las castañas"
…-¿Cómo es eso de
las gafas? -le pregunté.
-Que mi abuela ve muy mal. Ya no puede
leer, y yo le leo. Eso no me importa, porque me gusta hacerlo. También le
enhebro las agujas, pero ahora ya no ve para coser derecho, y yo no sé hacerlo.
Por eso fui y hablé con el boticario.
-¿Le llevaste una receta?
-¿Una receta? ¿De qué? -dijo, asombrada.
-¿Tu abuela no consultó al oculista?
-¿Al qué?
-Oculista. El médico de los ojos. Hay uno
en Alquería. ¿,Fue a verlo'?
-No. Nunca fue.
-Entonces, ¿el boticario le midió los ojos?
-¿Medir los ojos? -se río-. ¡Son iguales a
los de todo el mundo!
-Pero, ¿fue a la farmacia?
-Nooo... -adoptó un aire de secreto-; ella
no sabe nada de las gafas. ¡Es una sorpresa!
-Pero dime una cosa: ¿cómo se las
encargaste al boticario sin consulta y sin receta?
Me miró como si yo fuera corto de
entendederas y no comprendiera una cosa tan simple.
-¡Yo se lo expliqué bien al boticario! ¡Le
dije que quería unas gafas para sesenta y cinco años!
Yo solté una carcajada y ella me miró
asustada, aprensiva.
-¿Qué pasa? ¿Por qué se ríe?
-Nada. No pasa nada.
-¿Hay de esas gafas, no? El boticario me
dijo que él me las conseguiría, que me las iba a traer de Madrid.
-¿Te dijo eso?
-Sí. Cuando me pidió los cincuenta quilos
de castañas.
-¡Ese boticario...! -mascullé entre dientes
apretados.
-¿Por qué pone esa cara? ¿No es cierto? ¿No
hay gafas así? ¿No voy a conseguirlas? ¿No?
Parecía a punto de llorar. Yo me agaché y
le dije:
-¡Claro que sí, claro que sí! Tu abuela va
a tener las mejores gafas para sesenta y cinco años que se fabrican en Madrid.
Yo te prometo que las va a tener y que con ellas va a ver tan bien y tan claro
como cuando era joven…
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